Los tres dirigentes volvieron a compartir una mesa junto a gobernadores y jefes parlamentarios del peronismo. El encuentro, que duró cerca de cinco horas, dejó una coincidencia sobre las PASO y abrió un canal de diálogo en un espacio atravesado por una interna que todavía está lejos de resolverse.
La política argentina tiene una particularidad: muchas veces una foto no resuelve un conflicto, pero sí permite medir si ese conflicto todavía tiene un camino de negociación. La reunión que protagonizaron Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner puede leerse en esos términos.
Los tres volvieron a sentarse alrededor de una misma mesa en el Hotel Emperador, en la Ciudad de Buenos Aires, junto a gobernadores peronistas y a los jefes de los bloques de Unión por la Patria en el Congreso. Participaron Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán, Gustavo Melella, Gerardo Zamora, Germán Martínez y José Mayans. El encuentro se extendió durante cerca de cinco horas y, según trascendió desde la propia reunión, se desarrolló en un clima que permitió acercar posiciones.
El punto político más concreto fue la discusión sobre las PASO. Los dirigentes coincidieron en la necesidad de mantenerlas como mecanismo para ordenar la competencia interna del peronismo de cara a 2027. Esa posición aparece en un momento en que el Gobierno nacional impulsa modificaciones al sistema electoral y la continuidad de las primarias forma parte de una discusión todavía abierta.
No hay, a partir de esta reunión, un candidato presidencial del peronismo. Tampoco existe un acuerdo que haya cerrado la interna entre el sector que responde a Kicillof y el kirchnerismo que conduce Máximo Kirchner. Mucho menos puede hablarse todavía de una nueva conducción partidaria. Lo que sí aparece es una señal política distinta: sectores que durante meses estuvieron enfrentados volvieron a sentarse en una misma mesa para discutir una estrategia común.
Kicillof y Máximo Kirchner llegan a este encuentro después de un período prolongado de fuertes diferencias políticas. La interna entre el gobernador bonaerense y el kirchnerismo atravesó buena parte de la discusión del peronismo durante el último año. Massa, mientras tanto, mantuvo diálogo con ambos sectores y quedó en una posición particular: no es un árbitro formal de la interna, pero sí uno de los dirigentes que puede conversar con las distintas partes. Esa característica explica buena parte de su lugar en la discusión hacia 2027.
La discusión sobre las PASO tiene, además, una dimensión estratégica. Si el peronismo conserva ese mecanismo, diferentes sectores pueden competir dentro de una misma estructura electoral y dejar que la elección primaria ordene la candidatura. Si las primarias desaparecen, la negociación para definir una candidatura común tendría que resolverse por otra vía.
Por eso, detrás de la discusión técnica sobre las PASO aparece una discusión mucho más profunda: quién tendrá capacidad para ordenar al peronismo cuando llegue el momento de definir una candidatura presidencial.
Kicillof tiene aspiraciones y construye desde la provincia de Buenos Aires. Máximo Kirchner conserva influencia sobre el sector kirchnerista y sobre buena parte de la estructura partidaria bonaerense. Massa, por su parte, mantiene abierta su posibilidad de competir en 2027 y continúa participando de las conversaciones sobre el futuro del espacio. Las tres posiciones no son idénticas y, justamente por eso, la coincidencia alcanzada en torno a las primarias no equivale a un acuerdo sobre el liderazgo.
Hay otro dato que merece atención. En la mesa también se discutieron cuestiones vinculadas con la agenda legislativa, entre ellas el impuesto a los combustibles, los regímenes de zonas cálidas y frías y el Presupuesto. La intención de coordinar posiciones en el Congreso agrega una dimensión que va más allá de la discusión electoral.
En otras palabras, no se trató solamente de hablar de 2027. También hubo una necesidad concreta de ordenar la relación entre los distintos sectores opositores frente a la agenda del Gobierno.
La política, en definitiva, vuelve a juntar a dirigentes que todavía tienen demasiadas diferencias como para hablar de una unidad consolidada.
La foto de Massa, Kicillof y Máximo Kirchner no demuestra que el peronismo haya resuelto su interna. Demuestra algo más modesto, pero políticamente relevante: que sus principales sectores volvieron a encontrar un punto desde el cual empezar a conversar. Ahora viene la parte difícil, mantener una herramienta electoral es una cosa. Ponerse de acuerdo sobre quién conduce, quién encabeza y qué proyecto político ofrecerán a la sociedad es otra completamente distinta.
Las PASO pueden servir para resolver esa competencia. Pero ninguna elección primaria puede reemplazar una definición política previa: qué peronismo quieren construir y qué oposición pretenden ofrecer frente a Javier Milei.
Por ahora, Massa, Kicillof y Máximo Kirchner lograron algo que meses atrás parecía difícil: volver a sentarse juntos. La verdadera prueba será saber si esa mesa puede convertirse en una estrategia.

